viernes, 20 de agosto de 2010

Fragmento

Reconozco ese fragmento, aparecen ahí dos pétalos de esa flor que junto con otras adornaba tímidamente la sala semivacía de su casa, al lado del colchón quizás, sobre la pequeña biblioteca improvisada con tablas. Eran dos o tres flores aunque en el fragmento sólo se vea una parte de una, que sólo se sabe ver si se ha estado en su casa antes, sentado en el colchón ojeando la biblioteca, sin ser una simple visita primero, luego siendo el que se tira en el colchón, el que pone la música, el que saca un paquete de cigarrillos y sin preguntar a nadie enciende el suyo y el de ella, el que se queda, el que amanece y hace el desayuno. Si no se ha estado ahí y así, en el fragmento se ve algo simplemente indefinido, sólo una imagen que con temor considero abstracta y que solo después de verla y verla pude saber que eran esos pétalos de esas flores de esa casa en esos tiempos cuando esos cigarrillos. Un fragmento, un pedazo seleccionado de la totalidad de una foto, foto que a su vez es un fragmento de tiempo que vuelve. La vida fragmentada. Si de ese fragmento pudiera recordar la foto entera, si de una sola foto pudiera recordar el pasado todo, por lo menos ese momento frágil justo antes de capturarlo, o el momento de distención que hay justo después… La foto que es como si a la línea de la vida, que va a ser en este caso un pelo muy débil de una melena de mujer, o un hilo corto y negro que va de una mano a la otra, se le hiciera un nudo y se atara con dificultad el tiempo y el espacio, y de ahí en adelante, después de la atadura, la subsiguiente distensión, el libre y desapercibido transcurrir hasta la otra foto, hasta el otro nudo, hasta el otro recuerdo que es un insuficiente fragmento.

CAMILO GIRALDO.

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