viernes, 29 de mayo de 2009

Dios está aquí.

Meto la mano en mi bolsillo palpando lo que sea que allí se encuentre. Saco una moneda y me golpea la Revelación. “Poderosísimo Dios eres” y comienzo a construir escuchando voces y música como todas las mañanas.

“El dinero; único Dios verdadero sin morada necesaria para rendirle culto. Su carácter divino se encuentra en el mismo vórtice de ‘evidencias’ dentro del cual se construyen todos los cultos; evidencias para muchos e invenciones para algunos, pero creadas forzosamente al fin.

Es omnipresente y hace sus milagros en los días hábiles de la semana; el resto del tiempo se auto-predica por medio de nosotros, sus ministros; mientras que Jehová todavía encuentra resistencia en algunos de nosotros y sudo balas trabajando durante seis días.

No hay ateos, todos necesitamos de este Dios. Si hay alguien que se considera ateo, no lo es radicalmente, simplemente no lo es.

Su llegada fue permanente y violenta como lo fue el cristianismo en su tiempo. Basta imaginar que con los trueques se entregaban posesiones pero cargadas espiritualmente. Como si se entregase algo de nosotros realmente. Ahora llega Dinero y todo se intercambia con su mediación, todas las espiritualidades se venden a su poder tal y como los dioses paganos fueron expulsados por aquel que predicaba la doctrina del amor.

Esto es lo que sucede cuando un billete, una moneda, sale de nuestras manos, estamos propagando la religión de la que todo el mundo es devoto, la religión verdadera, el único camino.

Personalmente actúo como fiel cristiano frente a este nuestro nuevo Dios; acudo a Él cuando la situación no es la mejor, y si me siento bien, hasta me olvido de necesitarlo”.

- La caja de chiclets es a 100

- Tome señor

- Dios lo bendiga.

JUAN MANUEL GIRALDO

martes, 26 de mayo de 2009

Conjetura simple: la alegría.

Parece, en gran medida, que el hombre encuentra confraternidad en sus desgracias, su ruindad o su tristeza, y que en la alegría o en la gloria persigue el egoísmo y la prepotencia. Es escaso el vencedor que posterga su júbilo para levantar de la lona al rival, o quien prefiere el fair play ante la defensa incapaz y el portero vencido (Di Canio), en fin, mostrarse fraterno hacía quien se vence. La alegría tiene su punto humillante y vicia la humanidad de quien la goza.

CAMILO GIRALDO.