lunes, 8 de noviembre de 2010

Prohibiciones a la belleza (vil copia)


En estos días poco tenemos por decir. Para mantener vivo el blog nos aferramos a las virtudes ajenas como último recurso; nos aprovechamos de la fama del Nobel así no más, sin sonrojarnos. Fue alguna vez mejor escrito en "Los cuadernos de don Rigoberto", pero aquí va.

Nunca te detendrás más de 10 segundos en un espejo. No te operarás las tetas. No te tinturarás el cabello. No te tatuarás las cejas. No tendrás brackets, juanetes ni mal aliento. Nunca dejarás de oler a bálsamo.

No usarás palillos, aretes, anillos, fajas. Te quedan prohibidos los bikinis, la ropa interior roja y el maquillaje.

Nunca asistirás a velorios, lanzamientos de libros, conciertos gratuitos, misas, grados o matrimonios (menos al tuyo).

Nunca leerás a Isabel Allende, Ángeles Mastreta, Mario Benedeti, Mario Vargas Llosa o Jaime Espinal. No dejarás de defender a Tomás González ni a Germán Espinosa ni a Andrés Caicedo. No cometerás, jamás, una falta de ortografía.

Nunca pronunciarás tasi, ésito, hubieron, contato o dótor. Menos gobernanza, dicotomía, espectacular, fáctico, fálico, colocar, sinergia, gonorrea o en qué le puedo colaborar. No serás políticamente correcta: no llegarás a lidereza, presidenta, jueza o gerenta.

Nunca recibirás monedas de 50, ni darás limosna. No permitirás que te regalen nada.

Nunca renegarás de mi mala suerte. No llorarás en la calle. Nunca morirás.

P.D. No leerás Atunes en Tintas.

IMAGEN: FERNANDO VICENTE.

domingo, 31 de octubre de 2010

Medellín, 335

A Esteban la Alcaldía de Medellín le pidió un texto para celebrarle a "la capital de la eterna primavera" su cumpleaños 335. Como verán, sería vergonzoso haber enviado el texto que nosotros, sin vergüenza, presentamos.

Estás viejo. Acabado. Vuelto mierda. En obra (con amor). Tus calles conocen toda la violencia, todo el hambre y toda la tristeza del mundo. Has matado a tus muchachos, prostituido a tus hijas, despreciado a tus artistas, afamado a tus criminales, arruinado a tus ricos, avergonzado a tus pobres, absuelto a tus culpables, condenado a tus inocentes, limpiado a tus gamines, ensuciado tus aguas. Es increíble, en serio, que sigás vivo. Y con ganas de fiesta, porque sos al mismo tiempo el galán y la niña más bonita del baile. El Coco y la teta –sin la que, como sabés, no hay paraiso–. En vos se hunde y se pierde mi memoria esquizofrénica, llena de lo peor, y de la humanidad más desgarradora. La mejor. La que sirve. La de verdad. La que sabe a sangre y visceras. Y a mujer desnuda. Me has hecho un disparate, a tu imagen y semejanza. Por eso somos buenos tipos, a pesar de nosotros mismos. Por eso llegará el día en que por vos apagaré una velita, como un alma, y te diré: querido Medellín, larga vida a tu absurdo.

ESTEBAN GIRALDO

Foto: Juan Fernando Mejía: www.piedraenelojo.blogspot.com

lunes, 25 de octubre de 2010

Meseras en patines


Por pereza -para que octubre no pasara solo con una rayita- estas perlitas de plástico, de bobada y cursilería.


Receta del éxito: Haz caso (omiso).


Primer nuevo mandamiento: no amarás.


Al corazón humano se niega la entrada, no la salida.


Lo difícil no es que ocurra el milagro. El milagro es notarlo.


La vida es bella. El hijueputa es uno.


La vida es un golpe seco (con una expectativa de vida de 72 años y medio).


El principio de la humanidad es la planta de los pies.


¿Un hijo? No, un hijo no. Un hijo es una mala hipótesis.


Entre todos los bares de la ciudad sólo le gustarás a una mesera linda. ¡Búscala!


Un ruso siempre es un hombre que ha sobrevivido al último día de la humanidad. Un gringo siempre está viviendo el primero. Un inglés hace lo posible para que el último y el primer día sean posibles. ¿Adivine usted quién es el que echa un discurso en la academia sobre el asunto?


Un escritor es un tipo que a los treinta años de edad escribe como uno de quince. A los cincuenta escribe como uno de cincuenta. Y a los setenta, si es realmente bueno, sus libros tienen la edad de todos los hombres.


De la importancia de nacer donde uno nace. De Cortázar haber nacido en Colombia Rayuela –no necesito decir que quizá sea la novela más importante escrita en castellano después del Quijote, que fundó todo– se llamaría –ay, horror– “Golosa”.


No creo que en español exista una palabra que incluya tan bien su definición en sí misma como “espero”: Es, ¿pero?


La expesión “literatura universal” –con el perdón de Goethe– tiene un pequeñísimo error: omite los idiomas.


El problema de la literatura es uno: sueño.


Un escritor puro es quien no tiene absolutamente nada que escribir y, sin embargo, escribe.


Viendo los nombres a los que se adjudican premios, los títulos de las obras, las fotos, los argumentos… me doy cuenta que en literatura todo es lo de menos: hasta la literatura.


Le dice el director inédito a la actriz sin estrenar: “te ofrezco la oportunidad de hacer el ridículo que nunca has hecho ni nunca harás en tu vida”.


-Me siento muy solo… Me siento muy solo… ¿Aló?... ¿Aló?


Que Dios lo bendiga, y que María (Magdalena) lo acompañe.


ESTEBAN GIRALDO
IMAGEN: FRANS WESSELMAN

sábado, 25 de septiembre de 2010

Entrada doble.


Advertencia

En el futuro, los hombres harán las cosas importantes por intermedio de gemelos artificiales, mal llamados clones, como si alimentaran una y otra vez su ego; así podrán dedicarse al ocio, a las artes, a la literatura.

Yo, clon de clon de profeta, se los advierto.


***


Entrevista


– Todo el mundo escribe cuentos. Y no me parece gracia.

– Pero los suyos son muy buenos. ¿Cómo los escribe?

– Así –respondió el otro.


ESTEBAN GIRALDO.

domingo, 12 de septiembre de 2010

Contra la patronal



Transcribimos, sin permiso del autor, las palabras pronunciadas en el lanzamiento de su primer y único libro.


Buenas noches.


Cuando uno piensa en el libro que no ha escrito, y que desea, a veces cree –a veces se lo cree con delirio rastrero– que puede escribir un buen libro. Ni siquiera una obra maestra o un volumen con vocación de clásico. Nada de eso porque, por supuesto, el delirio no es tanto: a uno le basta con que alcance a ser literatura. Pero siéntese pues a escribirlo.


La lucha es una lucha sindical. Pida el triple a ver si de golpe recibe la mitad de lo que buscaba. Pídase el triple de lo que puede dar. Y sepa que es tres veces más incapaz de lo que creía. Y sin embargo persista. Todavía sigue ahí ese libro bueno que usted quería escribir. Créase Raymond Carver, Quim Monzó, Michel Houellebecq, Clarice Lispector, ay, créase Julio Cortázar. Y dese cuenta de que no es más que usted mismo. Usted es un disparate. Toda la historia del hombre y de la literatura, “de Homero a Lugones” –como dice el tango–, y uno ahí, peleando con la patronal. Y no se trata de propiamente de violencia, se trata de desprecio –que es una violencia todavía más mortal–. Basta leer algún párrafo de algún Capo-Recapo y contrastarlo con alguno de los que usted acaba de escribir para sentir ese desprecio. Hondo, duro. Lo suyo es tan de cuchillerito de baja estofa que da risa. Sin embargo no hay que ponerse a llorar, no se queje, nadie lo mandó a escribir. Y está bien que se sienta mal. Ellos, los capos, también se sintieron así, al principio. En eso sois hermanos. Luego será nuevamente la rabia. El dolor de cada palabra, de cada coma, de cada punto. Porque sí, físicamente duele. Cansa como la maratón. Y si después de todo sigue estando ahí el buen libro que usted quería escribir –y que todavía no ha escrito–, no le quedará otra que continuar, como un autómata, fatal, desvergonzadamente. Y en eso, ojo, se le puede ir la vida.


Llegado el momento es bueno que se rinda. Entregue las banderas, renuncie a sus pretensiones proletarias, firme un armisticio donde todas las cláusulas sean en su contra, declárese culpable, acepte sin réplica su condena de muerte y al final muérase, porque lo ha dejado todo en el papel. Su epitafio será esta pequeña maravilla de 90 páginas. Un libro. A la larga ya no tiene nada que perder. Y no importa que no sea el buen libro que a usted le hubiera gustado escribir, a condición de que sea lo mejor que pudo hacer. Ya ese libro bueno vendrá –o no vendrá– cuando el cuerpo esté listo para otra lucha, para otra batalla. La guerra, compañerito, apenas comienza.


Mientras tanto, haga lo que le decía Kavafis a Antonio: resígnese y sea digno de usted mismo.


Cuando de pronto a medianoche escuches

pasar el invisible tropel

-con admirables músicas y voces-

no lamentes tu suerte, tus obras

que fracasaron, las ilusiones

de una vida que llorarías en vano.


Como dispuesto desde hace tiempo, como valiente

despídete de Alejandría que se aleja.

No te engañes, nunca digas

que fue un sueño, que tus oídos te confunden.

En tan vanas esperanzas no caigas.


Como dispuesto desde hace tiempo, como valiente

como quien fue digno de tal ciudad

acércate a la ventana

y escucha con emoción

no con las quejas y súplicas de los cobardes

la música exquisita de ese tropel divino

y goza por última vez sus sones

y despídete, despídete de la Alejandría que pierdes.


Muchas gracias.


No me queda más que agradecer a mis papás, a quienes está dedicado el libro. A Carlos Gaviria y a Marielita de Hombre Nuevo Editores, por la paciencia. A Susana Aristizábal, por su buen gusto. A José Gallardo, que es Música Inmobiliaria, por su generosidad. A la Alcaldía de Medellín y a la Secretaría de Cultura Ciudadana, por haber cometido la irresponsabilidad de encargarme este libro; les cabe aquella frase de Víctor Hugo, nada menos que en Los Miserables: "Mantenerse en un error austero es una equivocación que respira grandeza". A todos ustedes por estar acá. A los que aun queriendo no pudieron llegar. Esto justifica mi vida.



Esteban Giraldo González

Medellín, 10 de septiembre de 2010.


IMAGEN: FERNANDO VICENTE.

lunes, 6 de septiembre de 2010

Un acto fallido


Un libro de atún.

La Editorial Hombre Nuevo y la Alcaldía de Medellín -con su programa de becas a la creación artística- han alcahueteado esta vagabundería: literatura adolescente para mayores de 21 años. Un bobo calladito no se nota; y a este le dio por escribir un libro. Bendito sea.

Si quiere ser testigo del absurdo vaya este viernes a las 7 de la noche al Jardín Botánico de Medellín.

Lleve la cédula. Y plata. Y trago. En ese orden, pero al revés.

IMAGEN: Susana Aristizábal


viernes, 3 de septiembre de 2010

Conflicto


El conflicto entre lo que consideramos Imaginario y Real podría librarse en la transformación que hay entre la Animalidad y la Humanidad. Es la eterna lucha entre lo subjetivo y lo objetivo. Sin embargo, los bandos no se han definido. ¿Es lo Subjetivo producto de la imaginación? ¿Es lo Objetivo producto de lo Real? ¿O acaso es al sentido contrario? Sea como sea, la combinación perfecta de lo que se concibe bajo los dos términos la conocemos como Ciencia. Si se mantiene esto cabe preguntarse: ¿La Ciencia es un producto de la Imaginación sobre lo Real o una conquista de Lo Real sobre la Imaginación? Para decirle a muchos que pretendo poner puntos seguidos a manera de suspensivos, no propongo uno final sobre el asunto; excepto unas frases que dan cuenta del conflicto. Las víctimas o bajas que resultan serán representadas al momento en que cada internauta ponga un punto final.

El Hombre fue separado de tus Entrañas, ¿por qué preguntas por algo que conoces?

Me expulsaste, ¿por qué me persigues?

Me ofreciste Todo, ¿por qué ahora me prohíbes?

Me arrebataste Aquello desde el principio, ¿por qué cuestionas mi Búsqueda?

Quieres que encuentre Algo, ¿por qué me lo escondes?

Me trataste como un Juguete, ¿por qué no es Mi turno?

Me hablas de Átomos, ¿por qué no puedo hablar de Monstruos Descomunales?

Si me hablas de Lo Verdadero, ¿por qué no puedo hablar de lo Inconmensurable?

JUAN MANUEL GIRALDO.