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miércoles, 26 de septiembre de 2012

Todas las palabras llegan a la tumba



Las palabras nos llevan por muchos caminos. La señal que apunta a la entrada de todos ellos ha cumplido su función desde tiempos inmemoriales, y ellos mismos han sido tan diversos como lápidas hayan sido construidas. Los hemos visto colmados de días soleados, verdes campos o amables animales; como también de oscuras noches, miradas siniestras y temperaturas escalofriantes. Felizmente, el hombre no es feliz en lo estático del lenguaje sino en su movimiento.  El negro puede ser divino y el blanco desesperanzador, cuando la conformidad del gris resulta nauseabunda. Cada término[1] encierra un número de aliados predeterminados pero mantiene las puertas abiertas a una relación. Relación que no tiene que existir sino que le basta con ser imaginada.

Término… terminales nerviosas veo a la entrada. En los parajes de este sendero se dibujan infinitas posibilidades y hacia ellas me (¿?) deslizo eléctricamente. Creo que soy pensado por la inercia de la espontaneidad, cuyo viaje sólo encuentra intimidades desconocidas. De ellas podemos decir que nunca han hablado pero actúan con el más estruendoso histrionismo. Además, su indefinición no se debe a otro chiste fonemático sino a su naturaleza rebelde. ¿Conócete a ti mismo? Este es el verdadero chiste. Como si la Luz del camino Apolíneo no solo fuera la Verdadera sino que todos sus lugares fueran los más seguros y ciertos. Se puede adivinar el comienzo de la respuesta: Yo… ¿Cuántas personas han dicho “Yo” y han tenido la razón en ello?

Todos en la búsqueda de escuchar esa palabra que traiga noticias de lo desconocido; ese término con el que se pueda definir la llegada, la victoria sobre el terreno enemigo. Pero la palabra que llena la boca del victorioso lo momifica y lo deja a merced del abatimiento de Cronos; dejando una vez más claro que el grito de la victoria ha sido pronunciado ya como grito de guerra. La fluidez del viaje que trata de llegar a la fortaleza se perturba; la corriente se hace extremadamente viscosa, pegajosa. La energía se acaba en un discurso embalsamado, consistente en su exterior, sin vísceras al interior. Ése eres Yo.

¿Acaso éste puede esperar mejor futuro que aquel que ya se le ha dado? Se seguirán grabando piedras con el estilo más pretendidamente original, para que el mismo zombie levante su mano a través de la tierra y crea diferenciarse. La uniformidad del suelo es la llegada de la totalidad de los caminos. Todos entregados al brillo de una palabra y dominados por la ignorancia y su padecer, desembocan a la entrada del cementerio. Yo-camino-allí.

JUAN MANUEL GIRALDO


[1] (Del lat. termĭnus). m. Elemento con el que se establece una relación. m. Fil. Aquello dentro de lo cual se contiene enteramente algo, de modo que nada de ello se halle fuera.

lunes, 14 de noviembre de 2011

Mors principium est





La sensación era tan fuerte que tuvo que pensarlo: siento su presencia esperándome no sé en qué lugar, pero esperándome. Todos los días lo asaltaba desde el fondo de lo desconocido para advertirle sobre un mensaje. No se sabía muy bien en qué momento llegaría, pero siempre lo hacía bajo las mismas consignas.

Una pequeña decisión marcó el primer día: sorpresivamente, empezó a caminar hacia su casa; el carro puede permanecer en la empresa, pensó. Se sentía liberado de la carga que había adquirido cuando comenzó a trabajar allí. Sentía la ingravidez a la que todos nos hemos referido algún día: ahora pesaba menos.

La tranquilidad que irradiaba este acartonado no se podía desprender de lo que había pensado, es que era algo que se veía en su andar. La manera como todos convertimos el caminar en algo más que un medio, en él era entusiasmo puro, en un desborde de energía. Ni hablar de su confianza; tuvo ocasión de esbozarle una sonrisa a una mujer por la cual, en el mejor de sus días, sudaría patológicamente. Hasta se mostró temerario cuando se encontró de frente con un personaje de andar “intimidante”, aunque, por todo lo demás, seguro merecedor de una descripción más enfática.

El “materile” le duró hasta su casa. Al abrir la puerta encontró en el piso un sobre con esta inscripción: mors principium est. Para él, como para cualquier mortal, lo horroroso se escondía debajo de la superficie plástica, bella, poética: unas cuantas palabras en latín podían ser la propaganda del nuevo culto del barrio que, como el carro de Coca-cola, vende la fórmula para calmar la sed de felicidad. Puso el mensaje sobre la mesa, al lado de todos aquellos papeles destinados al olvido. Y él, tomando el papel del papel, cayó en la cama para olvidarse de sí.

Al día siguiente, sábado, las lagañas, abundantes en los párpados, no impedían la necesidad universal de percibir el mundo que hay afuera de la casa de Morfeo. De repente, había sido echado de esa morada. Aturdido por el golpe de la puerta de esa casa (y su posterior tranca) intentó los primeros movimientos del día.  Se frotó los ojos, encontrándose dispuesto a vivir sin saber todavía qué era despertar. Con los ojos cerrados aún, palpó el lugar en donde se encontraba y donde su vida comenzaba de nuevo… como todos los días. En este reconocimiento encontró un objeto que le resultó familiar: el control del televisor. Una vez que su mente pronunció esas palabras, supo qué hacer con el resto de las cosas, por eso también supo en dónde estaba power, pues su pensamiento ya se había librado de todas las lagañas.

Mientras abría los ojos, la imagen de la pantalla se iba aclarando, y mientras más se aclaraba, su alma se tornaba más inquieta, pues encontró de nuevo las letras de sentido borroso que parecían perseguirlo. Distinguía mo, ium, est. El resto lo intuyó, lo fue llenado con restos de lo que ya había vivido. Dos veces no son coincidencia, pensó para librarse de la angustia de lo azaroso y entregarse a la del sentido; pues de repente había algo en el mundo que solo le hablaba a él. Cuando pudo abrir bien los ojos vio cómo un plácido hombre recostaba la cabeza en una pradera inverosímil y que las letras perseguidoras ya habían desaparecido de la pantalla. Supo que en esa desaparición el mensaje había quedado forjado en su mente. Lo que resultaba necesario ahora era traducirlo.

Como un resorte se levantó de la cama. Se mostró afanoso pero en su rostro estaba el convencimiento de que tendría la respuesta. Así, en el mero movimiento de abrir las páginas de un libro, entró en un laberinto de significados: Mors: Muerte. Principium: Principio. Est: Es.

Pueden ustedes adivinar que sólo Ícaro se había sentido tan perdido. Pero no en el laberinto, de allí había salido airoso. Fue al recibir la luz que no iluminó sino que encegueció. En la búsqueda del sentido se encontró sobrecogido. No comprendía porqué era él el destinatario de tal mensaje. Aun cuando trató de darle coherencia al conjunto de los tres términos, se halló por fuera de él. “La Muerte Es el Principio”. ¿Qué tenía que ver eso con él?, y además, ¿por qué se sentía feliz cuando estaba perdido en el laberinto?

Ya es hora de ducharse, le dijo el reloj al mirarlo. Para evadir las subsecuentes miradas inquisidoras planeó las otras actividades que debía hacer antes de salir. Cuando se reconoció preparado, cerró la puerta; todo lo que había hecho se quedó allí, en el mismo lugar. Por fortuna conservó las llaves. El mensaje sobre la mesa no mostró ningún tipo de apuro y permaneció inmóvil el resto de la tarde.

Otro era el ritmo de nuestro hombre, ya dos cuadras abajo lo esperaban un bus y su narrador. Cuando el primero se fue acercando, el otro levantaba la mano del papel, y él, caminando en dirección contraria, deseaba acortar el tiempo subiéndose un par de metros antes. Ya adentro y sin saber adónde ir, levantó su cabeza para detectar sigilosamente un puesto que lo mereciera. Recibió la devuelta y la contó empleando un escueto reconocimiento de relieves. Se sentó torciendo su cara con expresiones ambiguas. Trataba de hablar, de dirigir sus palabras hacia afuera, pero ellas se iban hacia adentro. Sí, pensaba. Pensaba sobre todo en las palabras.

Una señora, que estorbaba sentada al lado suyo, veía la indefinición de su gesto. Interrumpió la angustia que ya era generalizada y le preguntó: ¿Le pasa a usted algo? La boca no se pudo cerrar más y soltó un puñado de preocupadas letras: alguien me quiere decir algo, dijo. La señora, que parecía entender del sufrimiento humano, sonrió como el niño al reencontrarse con su juguete preferido. Sacó de su bolso de leopardo un pequeño panfletico con el paisaje de ese pasto inverosímil y ese señor plácido, habitado por la mayor cantidad de animales, unos sonreían y el resto los hacían sonreír. Alcanzó a leer el título: Un Nuevo Día.

La conjunción de tan utópica armonía lo obligó a las arcadas. Luego le reprochó a la cazadora de almas su creencia ciega. Se levantó y antes de que la señora le diese el panfleto, hundió el timbre.

El bus se detuvo a la vista del semáforo en rojo. Señor, señor, gritaba una voz reconocida desde el bus que ya arrancaba, obedeciendo al verde. El hombre, que ya cruzaba la calle, miró hacia la ventana desde donde se proferían los alaridos: recuerde que la muerte es sólo el principio. Cuando escuchó esto su cabeza retumbó causándole mareos. Tambalearon sus pies, que no fueron capaces de sostenerlo más allá de tres pasos borrachos, provocando el estrellón. Cayó en un abismo psíquico, tan profundo como las heridas que dejó el bus en su vientre al cambio del semáforo. Las miradas lanzadas desde una iglesia de garaje mostraban satisfacción y complacencia. La señora, llevando su bolso de leopardo de gancho, cerraba los ojos y decía en voz alta: la muerte es el principio de un nuevo día.

En la empresa, el lunes, todos comentaban la muerte de Ricardo Peláez mientras tomaban agua del dispensador. Concordaban en que Peláez era un buen empleado y las flores que le echaban no dejaban de caer. Aun así, la conversación se fue degradando hasta el debate sobre las nuevas labores adquiridas por la ausencia definitiva de un compañero. Y Peláez pasó de ser un contador ejemplar al cliente que anunciaba el letrero afuera de una funeraria.

La policía llegó a su casa para afinar la investigación. Uno de los practicantes encontró un sobre encima de la mesa. Sin dejarse ver de su superior, lo abre y ve un enigmático panfletico con un paisaje exageradamente bello y unas palabras que lo arrastran por la curiosidad y el extravío: Un Nuevo Día.

JUAN MANUEL GIRALDO.

domingo, 30 de enero de 2011

La Pregunta sobre la Respuesta


Hombre es otra representación del hoyo que absorbe para construirse, que engulle para alimentarse. Para mí, ésta es la frontera de toda teoría sobre el mundo, el paso de organismo a (supuestamente) individuo. Ya ha sido aportada la importancia del Lenguaje para el surgimiento de los que nos autoproclamamos hombre-que-piensa,-noción graciosa cuando éste ni sabe porqué resultó pensando. Es el espacio que pienso como eslabón perdido en la continuidad implícita de la Naturaleza: el momento en que el hombre se separó de ella. Sin embargo, allí puede caber cualquier idea, cualquier sentido que sustituye magna pregunta por x explicación que al momento de ser lograda reparte tanta verosimilitud como placer; por acomodarse al hoyo concebido como Hombre.

Contando con esto, sólo queda afianzar el lugar de la Pregunta sobre ese tipito. Una fuerza que devino carne, una pregunta que se corporiza y se mete en esa carne de una forma tan radical que resulta siendo el sentido de la vida para ese pedazo de cosa. Con todo lo que se ha escrito, nadie ha logrado llegar más allá del lugar de la Pregunta, que lo pensaría como el punto donde ella se encarna, el último objeto de conocimiento. Pero ha pasado una cosa muy particular: la carne realmente no recuerda que es habitada por una Pregunta y no una Respuesta. Parece como si al contemplar el regalo de Prometeo hubiésemos perdido la visión que atraviesa el fuego y la reemplazamos con el inconmensurable y plácido calor que desprendió. Por eso, y por otras cosas más complicadas, la Pregunta es sobre el animal que se pregunta. Dicen que todos tenemos preguntas y esta sería la evidencia del animal-hombre en cada uno de nosotros. Pero entonces ¿cómo es posible que ese hombre sólo pueda ser concebido por la copia de una copia cuya música original ha perdido nitidez? No sé, pero algo sí es cierto: hemos perdido la habilidad de escuchar la composición original.

A veces pienso que ser hombre es ir por el mundo con la capacidad de aguantarse ciertas preguntas. Algunos no se han aguantado y han producido ciencia, vano reflejo de un propósito sólo pensable por la añoranza de escapar al imperio del despropósito. Aún así, para mí, para este animal que se pregunta, querer ir más allá de la Pregunta es seguir pensando sobre una manzana que debía ser, simplemente, comida.

JUAN MANUEL GIRALDO.

jueves, 25 de noviembre de 2010

El lápiz dorado *


No recuerdo qué clase de sentimiento me asaltó cuando aprendí a poner ciertos pensamientos en estos grafemas que hacemos al escribir. Estoy seguro de que en cierto momento me enseñaron a escribir, pero esto sólo lo puedo asegurar porque lo hago en este instante, bajo la premisa que escribo lo que pienso. Pero hay algo más allá: una especie de apuesta cada vez que se escribe. En el sentido que una apuesta siempre comporta un perder y un ganar. Dicho esto, ¿ganas o pierdes cuando escribes?, ¿escribes todo lo que piensas escribir, aún cuando te lo propones? Lejos de querer solucionar tal cuestión, sólo intento esbozar el problema, que al menos para mí, es escribir.

Ya desde Frankfurt nos dan un tour reconociendo las instalaciones de una jaula dorada, que el pequeño ingenuo trata de comprar con su fantasmática individualidad para obtener el resultado obvio de la ilusión de ser libre, o la elección. Elección entre unos objetos dominadores del deseo más original. Nada más imagínate decidiendo por un sabor en especial, que realmente no es el que quieres, sino por el que decides entre varias opciones. Es en este sentido que escribiendo tengo la ilusión de ser libre, al debilitar el movimiento de un deseo desconocido que, al fin y al cabo, sería el sentido de mi vida. En el proceso de su traducción hacia las palabras se ve confinado a unos movimientos que predicen su condena hacia la constante e infinita simbolización: sentarnos, rascarnos la cabeza, y agarrar el lápiz dorado. Éste, apoyándose sobre el papel, pasea al deseo a través de los pabellones de la palabra… para homologar la infinidad de singularidades y producir extraños efectos, como por ejemplo, que el lector pueda entender el esbozo de mi problema.

* Véase, si le interesa, el microcuento de Mariano Silva y Aceves.

JUAN MANUEL GIRALDO.

viernes, 3 de septiembre de 2010

Conflicto


El conflicto entre lo que consideramos Imaginario y Real podría librarse en la transformación que hay entre la Animalidad y la Humanidad. Es la eterna lucha entre lo subjetivo y lo objetivo. Sin embargo, los bandos no se han definido. ¿Es lo Subjetivo producto de la imaginación? ¿Es lo Objetivo producto de lo Real? ¿O acaso es al sentido contrario? Sea como sea, la combinación perfecta de lo que se concibe bajo los dos términos la conocemos como Ciencia. Si se mantiene esto cabe preguntarse: ¿La Ciencia es un producto de la Imaginación sobre lo Real o una conquista de Lo Real sobre la Imaginación? Para decirle a muchos que pretendo poner puntos seguidos a manera de suspensivos, no propongo uno final sobre el asunto; excepto unas frases que dan cuenta del conflicto. Las víctimas o bajas que resultan serán representadas al momento en que cada internauta ponga un punto final.

El Hombre fue separado de tus Entrañas, ¿por qué preguntas por algo que conoces?

Me expulsaste, ¿por qué me persigues?

Me ofreciste Todo, ¿por qué ahora me prohíbes?

Me arrebataste Aquello desde el principio, ¿por qué cuestionas mi Búsqueda?

Quieres que encuentre Algo, ¿por qué me lo escondes?

Me trataste como un Juguete, ¿por qué no es Mi turno?

Me hablas de Átomos, ¿por qué no puedo hablar de Monstruos Descomunales?

Si me hablas de Lo Verdadero, ¿por qué no puedo hablar de lo Inconmensurable?

JUAN MANUEL GIRALDO.

jueves, 5 de agosto de 2010

La Imagen Invertida del Propósito Inicial


En cierto lugar lleno de una vegetación tan alta que se confundía con las estrellas, se acerca una especie de tentáculo a una cápsula tirada en el suelo, que contenía una especie de papel. La cápsula tenía una inscripción que así rezaba: “Para un nuevo comienzo…”

-Este es un mensaje que dejó escrito el último hombre sobre la Tierra, que será fundamental para profundizar nuestro conocimiento sobre este planeta- decía un líder extraterrestre, usando una serie de sonidos que salían de un orificio ubicado en la “parte frontal” de su “cuerpo”, a una multitud de viscosos entes que atiborraban un ágora improvisada.

–Atención, aprovechando los estudios que he hecho sobre la lengua antiguamente hablada en esta región, traduciré leyendo en voz alta lo que estos incomprensibles grafemas quieren decir:

“Es verdad, hemos llegado a todo avance científico posible. Al menos eso era lo que creíamos. Todas estas edificaciones, todas estas armas, todos estos saberes, etc. sobre nuestro mundo no son más que un Reflejo de la Armonía. La Imagen Invertida del Propósito Inicial. A pesar de reconocer lo errado de nuestro Comienzo y Proceder, mantuvimos una forma de registrar todos los eventos importantes ocurridos desde la instauración del Reflejo como principio subyacente a todo conocer posible. Este método lo llamamos Historia. Lo registrado sólo sirve como idea de lo que quiero representar; para que usted, quien lee el presente texto, entienda un poco mejor a la raza humana.”

El lugar parecía responder con toda clase de sonidos que acentuaban más el silencio de los particulares seres. Silencio que denotaba en algunos la incomprensión y en otros la sorpresa. Viendo tal escena congelada, el líder se decidió a proseguir con la lectura de una forma abrupta, como si hubiese sentido la incertidumbre que ocasiona los puntos suspensivos.

“Todas las teorías que se jactaron de hablar con propiedad sobre el Comienzo e Historia de la Humanidad convergen en un punto. Este Comienzo irrumpió La Armonía de La Physis, o La Armonía de lo que ya estaba. Aparentemente, según cuentan nuestros estudios, hubo un evento primordial que detuvo la unión entre el antepasado del Hombre y La Physis. En un principio, ambos eran uno solo. Llegó un instante en que La Pregunta modificó al antepasado para convertirlo en Hombre. Pregunta que surgió cuando el Hombre hizo del Comprender la esencia de la Physis. Ella le había hablado en un lenguaje incomprensible, que dividía la unificación inicial, la Armonía Inicial. Pero fue el antepasado quien se encargó de agrandar esta grieta hasta un rompimiento total, al punto que por ejemplo en estos, nuestros últimos días sobre este planeta, consideramos la existencia simultánea de un Interior y un Exterior. Fuimos la repetición y encarnación de La Pregunta en un deseo inefable de autoexclusión.

Desde un principio tratamos de solucionar La Pregunta. Buscando la salida a la angustia epistemológica, creamos toda clase de artificios, artefactos y artimañas para encontrar La Respuesta Definitiva. Cada vez que encontrábamos respuestas, La Armonía Inicial aparecía en una remembranza de completitud. Hermana siamés, con un lenguaje cuyo desvelamiento sólo perfecciona las tres creaciones humanas arriba mentadas, pero no dice nada sobre el decir de la Physis. El ciclo repetitivo del preguntarse por ellas es lo que la Humanidad ingenuamente ha llamado Ciencia, cosa totalmente opuesta al lenguaje de lo que ya estaba.

Es de esta manera que llegamos al último paradigma de lo que nosotros llamamos Humanidad: Por las venas de La Verdad circula el gran caudal de La Mentira”

Cuando llegó al punto final el líder ya era esperado, en una de sus naves, para un viaje sin retorno a casa.

JUAN MANUEL GIRALDO

lunes, 24 de mayo de 2010

Como el ala del pollo asado: chiquito pero sustancioso


Una noche antes de perder la virginidad con una nueva banda en concierto (sólo erotismo entre las notas) me pregunté, concibiendo a los programas de tv como maneras diferentes de contar historias, ¿los noticieros son programas de tv? Y llegué a la afirmación mediante el siguiente proceso:

El que tiene el cachaco excepto el pantalón; la niña que lee el teleprompter con su amiguita y las figuras que hablan del deporte (muy diferente a figuras deportivas), todos miran a la cámara. Esta intromisión en la continuidad de la mirada de los espectadores transforma a estos personajes en narradores de historias, de ese tipo “imagínate pues que…”; nos cuentan chismes que supuestamente dejan de serlo cuando no involucran participantes familiarmente conocidos. Aún así, independientemente de lo que nos cuenten, ellos no dejan de ser narradores.

De esta manera llegué a la respuesta afirmativa, porque en las novelas, seriados, muchos documentales se cuentan unas historias que no se sienten tan propias. En la producción de los noticieros y en la narración de su contenido el televidente es obligado a sentirse partícipe de la historia. Evidentemente subyace (raro ver estas dos juntas) una nueva pregunta, la pregunta básica: ¿Porqué? Porque los personajes miran a la cara a través de la caja mágica, cuestión que es, como dice uno de esos que mira, que antes miraba de frente como los varones cuando hacía su acto en un parque de atracciones situado en el oriente antioqueño, “Interesante pero discutible”.

JUAN MANUEL GIRALDO.

jueves, 13 de mayo de 2010

Aforismos de un libro que nunca se va a escribir


Estos pensamientos alguna vez me asaltaron y quise plasmarlos como tal, sin ordenamiento alguno. Como este ordenamiento es la causa por la que un autor siempre recibe los créditos, sería deshonesto pedirlos en el futuro. Consecuentemente, si crees que te han robado algo, considérate afortunado dentro de tu insondable anonimato:

· La evidencia más importante del desconocimiento de sí mismo es que justo cuando encuentras lo que buscabas, no encontraste lo que buscas.

· Buen ejemplo de saber utilizar dos proposiciones: A pesar de que todos vivamos según apariencias sólo los políticos viven en ella.

· Me indispone saber que hay días en los que se bebe lo suficiente pero no es mucho. Pero peor aún cuando se bebe mucho y no es suficiente.

· ¿Cómo una frase puede hablar de lo verdadero y lo falso a la vez? “Hay que confiar en el ser humano”.

· Al hombre casi nunca se le dice animal porque su ánima(l) es mucho más compleja.

· Si en este momento fuéramos alumnos directos de nuestros escritores o científicos preferidos, no estaría escribiendo ni en aforismos ni en un laptop.

· Generalmente, se escoge una profesión nada más para hablar de ella los viernes en la noche.

· La solución de un enigma no aparece sirviéndonos de la adivinación sino del desciframiento.

· Cuando ocurre el fenómeno del descubrimiento, no aparece lo nuevo sino lo que no era evidente.

· “¿Qué cosa es esto?”, “¿Cómo funciona esto?” “¿Qué hago con esto?” son las mismas preguntas de un niño cuando estrena el traído y de un científico cuando descubre algo.

JUAN MANUEL GIRALDO

domingo, 21 de marzo de 2010

El pergamino del año 3150


Era todo un caos; digamos sentimental, de no saber qué era lo que estaba pasando. Los corazones de cuatro individuos latían rápidamente, lo que creaba diferentes reacciones en todos ellos. Había uno que estaba totalmente paralizado; dos se habían fugado del corazón de la oscuridad -de aquí en adelante nos referimos a él como corazón-, causa original de estas alteraciones psicosomáticas y la observaban atacando a una original tranquilidad… pero había uno, el que estaba más lejos del corazón que gritaba: “¡Hagan algo! ¡se la va a comer! El pobre del que hablo se refería a su camarada sentimental que estaba a punto de ser devorada por el corazón; se encontraba a una distancia equivalente a un metro para los individuos de un metro. Sí tenía razón para estar asustado.

El gritón no paraba de gritar, los dos no dejaban de mirar y la paralizada no dejaba de no moverse y reinaba el terror. Fue un cambio como el que vemos en los juegos de Silent Hill y la muy buena adaptación de éstos al (carrizo – italic) séptimo arte. Cuando el más escandaloso deba a su amiguita por muerta, llegó el día y todo volvió a la normalidad para ellos. El corazón se había desfragmentado y fue chupado como con una aspiradora desde el cielo. Esta pequeña comunidad ya podía convivir en tranquilidad hasta que alguna demente quiera volver a revivir al corazón. Podría referirse al mismo sentido que queremos expresar nosotros con “poder comer y cagar tranquilos”.

Cuando terminó todo este incidente le dije a mi amigo “si pillas esos pájaros como tienen de sucia esa jaula”. Inmediatamente después, él me hizo la seña internacional, que se hace con las manos cuando uno muestra deseo de jugar a los videojuegos, y me dijo “Allez, on joue a la Play, quoi? Y saqué mi naríz de la jaula de los animalitos y nos fuimos a jugar… Nico te golié, pero la historia del marcador será encontrada en un pergamino digital alrededor del 3150, luego de la conquista de la raza alienígena en la tierra… ellos lo verán y no van a entender ni forro. En otras palabras, parcero no te voy a avergonzar. Buena suerte.

JUAN MANUEL GIRALDO

viernes, 4 de septiembre de 2009

La filosofía.

La filosofía como es conocida; abarcada en los estantes olvidados de las bibliotecas; o relevada por los libros que fueron películas hechas en base a otros libros; o por libros sobre vidas que parecen películas, no puede acabarse jamás. Ella es el organismo vivo que se adapta a los cambios de la humanidad pero sigue manteniendo un núcleo esencial: la dialéctica eterna, la controversia infinita y todas las palabras que contengan la raíz “contra”. La filosofía, “madre de la ciencia”, es una vieja terca de trapero en mano que se niega a abandonar una discusión por el solo hecho de obtener la última palabra. Sí, la filosofía es como tu tía solterona, o como la señora que no se ha bajado la moña y el ciclista a las siete pm.

Si la filosofía, por alguna razón inesperada y encontrada al azar, empieza a dejar cosas en claro, a dejar aserciones, a proponer positivamente; ella dejará el trapero y se sentará frente al microscopio, para convertirse en aquella señora madurada viche que es la ciencia. Se revolcaran los santos filósofos canónicos… bla bla bla pero como les dice un demonio “la crueldad es una manera para crear memoria en el hombre”. Y cómo no se revolcarán si las damas más “respetables” muchas veces son las más perecosas.

JUAN MANUEL GIRALDO.

viernes, 29 de mayo de 2009

Dios está aquí.

Meto la mano en mi bolsillo palpando lo que sea que allí se encuentre. Saco una moneda y me golpea la Revelación. “Poderosísimo Dios eres” y comienzo a construir escuchando voces y música como todas las mañanas.

“El dinero; único Dios verdadero sin morada necesaria para rendirle culto. Su carácter divino se encuentra en el mismo vórtice de ‘evidencias’ dentro del cual se construyen todos los cultos; evidencias para muchos e invenciones para algunos, pero creadas forzosamente al fin.

Es omnipresente y hace sus milagros en los días hábiles de la semana; el resto del tiempo se auto-predica por medio de nosotros, sus ministros; mientras que Jehová todavía encuentra resistencia en algunos de nosotros y sudo balas trabajando durante seis días.

No hay ateos, todos necesitamos de este Dios. Si hay alguien que se considera ateo, no lo es radicalmente, simplemente no lo es.

Su llegada fue permanente y violenta como lo fue el cristianismo en su tiempo. Basta imaginar que con los trueques se entregaban posesiones pero cargadas espiritualmente. Como si se entregase algo de nosotros realmente. Ahora llega Dinero y todo se intercambia con su mediación, todas las espiritualidades se venden a su poder tal y como los dioses paganos fueron expulsados por aquel que predicaba la doctrina del amor.

Esto es lo que sucede cuando un billete, una moneda, sale de nuestras manos, estamos propagando la religión de la que todo el mundo es devoto, la religión verdadera, el único camino.

Personalmente actúo como fiel cristiano frente a este nuestro nuevo Dios; acudo a Él cuando la situación no es la mejor, y si me siento bien, hasta me olvido de necesitarlo”.

- La caja de chiclets es a 100

- Tome señor

- Dios lo bendiga.

JUAN MANUEL GIRALDO