miércoles, 19 de septiembre de 2012
Desconexión
miércoles, 6 de junio de 2012
Concierto de Natalia Valencia Zuluaga
jueves, 12 de enero de 2012
Lvis Mejía – Zupranada
JOSÉ GALLARDO A.
martes, 4 de octubre de 2011
Picnic bajo techo
El día: 1 de octubre. El lugar: coliseo de la UPB en Medellín (debo aclarar que esta universidad es tal vez la que encabeza la lista de instituciones educativas que aborrezco, en todo el planeta). Como era de esperarse el lugar estaba medianamente vacío, pues apenas eran las 6 pasadas. La gente comenzó a llegar, y conforme el lugar se iba llenando, se hacía más notorio que el evento, más que un “picnic bajo techo”, era una fiesta de las facultades de diseño y arquitectura de la tan prestigiosa universidad. Identificarlo era fácil, todos tienen un-no-sé-qué-no-sé-dónde que combina muy bien con el rojo predominante de la universidad.
El evento estaba previsto para ser en el Orquideorama del Jardín Botánico de Medellín, pero al parecer, por cuestiones climáticas, prefirieron hacerlo bajo techo. El coliseo fue un problema para disfrutar el concierto, pues su reverberación eclesiástica natural nos entregaba una masa casi inentendible.
La primera banda en tocar fue Gordo´s Project (http://www.myspace.com/gordosproject). De este grupo he hablado antes y hacía un buen rato no los escuchaba. Debo decir que me sorprendió el nivel de ensamble y musicalidad con que suenan ahora. La propuesta musical de José Villa –líder del grupo– y sus otros 8 integrantes tiene raíces en la música del Caribe, particularmente en un ritmo local: el chucu-chucu, pero se nutre con sonoridades de lo que actualmente se denomina “músicas urbanas”. Del nuevo repertorio recomiendo El llorón, tema que por la letra de la canción y la melodía principal me hizo pensar por momentos en The Cure y su Boys don´t cry. (La sola imagen mental de Robert Smith en ese paisaje gótico tropical se me hacia simplemente divertida). Gordo´s es una banda de baile y como tal es normal que el elemento principal sea una palabra bastante misteriosa para mí: groove. Siempre me gusta recordar una máquina que se llamaba el sistema G.R.O.O.V.E, que puede o no tener relación con el otro groove, esa célula o germen que te mantiene moviendo cualquier parte de cuerpo al escuchar una canción. Este elemento rítmico, bailable, está apoyado de muy buenas melodías, unas letras atrayentes por su “aparente facilismo” y una coreografía muy antioqueña, es decir, un baile insípido, insaboro, inoloro; como la “cumebia hedioneda, de Colombia para el mundo”. Gordo´s conjuga todos los elementos de la música en canciones de largo aliento, donde se puede escuchar o bailar o coquetear con cierto encanto desenvuelto.
La segunda banda fue El frente cumbiero (http://www.myspace.com/frentecumbiero), banda liderada por Mario Galeano, reconocido en ciertos círculos como un investigador serio del folclor colombiano. El frente es curioso desde su formación: batería/percusión, clarinete/saxofón, guitarra/electrónica en tiempo real, teclados/raspa/secuencias electrónicas. Su manera de concebir la estructura de sus canciones se basa en el modelo propuesto por la música de baile de origen europeo, donde se busca que el público nunca deje de moverse, utilizando dos secciones, casi siempre basadas en dos frases melódicas y pintando atmósferas, texturas y drones, que tienen una fuerte cercanía al Dub. Es válido hacer notar que El frente hizo un disco con nada más y nada menos que Mad Profesor, el mismo del documental Dub echoes, donde encontré una frase que guardaré para siempre en mi memoria: “todo objeto tiene su sombra, toda música tiene su dub, solo debes buscarlo”.
Admito, además, mi admiración musical por el guitarrista del grupo, el compositor bogotano Eblis Álvarez, también líder de los Meridian Brothers (http://www.myspace.com/meridianbrothers). Eblis logra con su guitarra y su electrónica en tiempo real (diseñada por él mismo en plataformas como Max/msp, Pure Data o Supercollider) ese tinte extraño y hermoso que refuerza un gesto musical como el que propone el Frente cumbiero. La labor de Eblis demuestra que se puede explorar de una manera seria y respetuosa la música de origen folclórico, sin utilizar fórmulas facilistas que le dan la vuelta al mundo gritando “fuego, mantenlo prendido, fuego”.
La tercera banda –y tranquilo señor lector, no desespere que esto pronto acabará– fue Systema solar (http://www.myspace.com/systemasolar). En principio debo decir que el vestuario y las imágenes proyectadas hacen de su puesta en escena un numerito que por ostentoso resulta todavía más mediocre. En menos de 30 segundos Systema solar tenía bailando a toda la muchachada. En este momento fue cuando sentí que realmente estaba en un picnic bajo techo o, mejor aún, en un zoológico liderado por John Primera, “el diablito del flow costeño e índigo”, “la voz del despegue”. Por momentos sentí que esta banda prometía un acercamiento a la verdadera música electrónica colombiana: la champeta. Pero muchas veces recurren a una fórmula que cualquiera de los lectores puede hacer en su casa. Hágalo usted mismo: 1. Descargue un editor de audio (www.audacity.com); 2. Importe un audio de música afrocaribeña colombiana; 3. Importe un audio de música electrónica de baile; 3. Superponga ambos y reprodúzcalos.
Es necesario mencionar de nuevo que Systema solar es una banda donde el performance es totalmente necesario y debe ser tomado como tal: un show donde la música se pierde casi por completo, o como me dijo un amigo: “marica, uno no les pide una sonatina, pero hacen falta melodías, armonías y silencios”.
John Cage siempre aseguró que cualquier cosa podía ser música, siempre y cuando esto fuera lo que el autor quisiera que pasase; lo que me lleva a una definición de ruido: ruido es todo lo que no queremos que pase en la música. El resto, es música. Y justo eso fue lo que no se presentó al final de ese picnic bajo techo. Esa contradicción en los términos. Nada de música: puro ruido bailable.
JOSÉ GALLARDO
IMAGEN: ANTOINE WATTEAU
domingo, 6 de marzo de 2011
Parque del poblado, un libro de Joni B

Es grato leer textos de lugares a los que uno suele ir. Sí, yo soy un habitante más del Parque del Poblado. Allí (casi siempre entre semana, martes o miércoles o jueves) me entretengo tratando de no pensar en nada, tomándome una cerveza (Costeña), fumándome un cigarrillo (Marlboro rojo).
El autor del libro Parque del poblado tiene un apellido muy difícil de pronunciar y hábitos parecidos a los míos (él prefiere la cerveza Póker o Águila y fuma Royal, pues es un producto nacional, así la Philliph Morris haya comprado a Coltabaco). Además habla con una “r” muy afrancesada, pero nunca ha estado en territorio francés. No le interesa viajar. Como dice en una canción de la banda de punk donde tocamos, Alopecia, cree que el mundo se acabará prontamente y en su afán apocalíptico promulga un planeta regido por la correcta anarquía.
Por eso, y parafraseando a American Splendor (la peli sobre el comic de Harvey Pekar & Joyce Brabner, en la que el personaje principal es también un artista del cómic), cuando conocí a Joni B pensaba que era un chico que odiaba el mundo; la verdad es que un tipo al cual el mundo le importa mucho: es un melancólico. Como en Vallejo, la provocación, el desencanto, la rabia, el humor corrosivo, en Joni B son amor. Así sin más, amor puro. En el Parque del Poblado y en El Parque del Poblado existe una certeza paradójica: recordar la belleza vivida ahí –una chica, unos amigos, un par de borracheras infinitas– y la esperanza de que sí, de que volverá a ocurrir. A propósito, que valga esta perla: “Es un pueblo pequeño güevón, ya me he metido con casi todas las mujeres de mi generación que no se casaron o se largaron de este roto… La probabilidad de conocer a alguien nuevo de nuestra edad es casi nula…” Claro Joni, la frase es doblemente cierta porque se trata de Medellín, y porque ya estás viejo. Siendo consecuente con el viejo Vallejo después de los veinte todo se viene abajo y entrás en la puta vejez.
Tal vez el lector debe estar pensando que esta reseña es una alabanza más al ego de Joni B. Y sí. El libro me gusta. Y advierto que solo doy estos detalles casi minúsculos y de poca importancia, porque el joven Benjumenea basa sus escritos y dibujos en el día a día, en su mirada contemplativa, en sus “salidas de campo”, en sus recorridos como transeúnte de este pueblo chiquito donde habitamos, Medellín. Un pueblito que no crece, no olvida y que puede estar resumido porque tiene de todo en lugares como el Parque del Poblado. Un pueblito que Joni conoce, que siente, que dibuja.
El texto lo pueden conseguir directamente con el autor, en su blog http://podriaserquesi.blogspot.com. Además, allí publica constantemente adelantos y series de cómics.
Brindo por El Parque del Poblado (con una Costeña y un Marlboro rojo).
JOSÉ GALLARDO A.
jueves, 3 de febrero de 2011
¿Conoce usted al Señor Bleat?

domingo, 22 de agosto de 2010
La tigra vereda de Velandia

lunes, 3 de mayo de 2010
Bazuka Santa

jueves, 25 de marzo de 2010
DUQUE

jueves, 28 de enero de 2010
Los siete discos de la década.

jueves, 14 de enero de 2010
El manifiesto Amarillo

Recuerdo que hace diez años (y perdónenme que empiece recordando la primera década de este siglo), se mencionaba mucho un tema que supuestamente cambiaría mucho nuestro futuro: La globalización; causa y consecuencia de todo el bien y de todo el mal pasado y por venir. Musicalmente hablando, los patriarcas de los nuevos tiempos mencionaban mucho el tema de la world music. Yo, personalmente, tengo muchas prevenciones con este tipo de música que, la verdad, aparte de ser un género creado por la industria y un par de ong´s , nunca he creído que muestre el verdadero panorama de lo que realmente es la etnomusicología.
Se preguntará el respetuoso lector por qué empiezo mis “taquilleras reseñas musicales” hablando de “globalización” y décadas pasadas. La razón fundamental se basa en la aparición de un disco esperado por muchos, y que para otros, como suele pasar muchas veces con este artista, será un gran hallazgo.
Su nombre de cuna es Federico Lozano, su apodo: El amarillo.
Es necesario que me detenga un poco para hablar de su trayectoria. El amarillo participó como bajista en bandas como Estados Alterados y Planeta Rica. De la primera podría mencionar que estuvo en la grabación de un disco inédito comandando por Twetty González; con Planeta Rica sé que grabó en las dos producciones conocidas. El amarillo también es uno de los productores de hip hop más reconocidos de la ciudad de Medellín, y de su trabajo como solista conocemos un primer CD titulado Audio indeleble y, ahora, Manifiesto.
Entrando en materia, siempre me ha gustado referirme a Federico Lozano como uno de los músicos colombianos más folklóricos, o “folks” (para el que guste de extranjerismos). Su música es una profunda investigación de las músicas locales, su lirica está contenida en la sencillez que da la experiencia de vivir y convivir con el campo y sus músicas típicas. Manifiesto es la segunda parte conocida de un proceso de experimentación con las músicas actuales y folklóricas del país, proceso que comenzó con el Audio Indeleble. Otra particularidad que tiene este músico es la inclusión de otros músicos locales; en Manifiesto tiene una lista larga: Mirabay, David Machado, Iraka Jaibanakus, Ramón Echavarría, Kolombia, Q´sko, Ultrajala, Tito, Guillen.
La distribución de Manifiesto se está realizando en la red en el siguiente link:
http://www.ilike.com/artist/El%20amarillo/album/Manifiesto
Música Colombiana hecha con gran gusto, sencillez y profundo espíritu tradicional. Por último les dejo el myspace http://www.myspace.com/lamarillo
JOSÉ GALLARDO A.
viernes, 11 de diciembre de 2009
Hemos Escuchado y oído.

