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miércoles, 19 de septiembre de 2012

Desconexión




Del trabajo Un león en tu panza, Gallardo desconectadísimo.

miércoles, 6 de junio de 2012

Concierto de Natalia Valencia Zuluaga



Lugar: Auditorium Maximum
Fecha: 28/04/2012
Hora: 12:36 aproximadamente
Evento: Acto inaugural del homenaje a John Cage. Concierto con obras de la compositora Natalia Valencia Zuluaga. Orquesta Sinfónica EAFIT. Directora: Cecilia Espinosa A.

Difícil tarea me he propuesto, pero no imposible: poner en palabras mi experiencia en el concierto que más me ha conmovido en lo que va del año. Tomo distancia, le doy una calada a mi cigarrillo, me río de mi posición tan cliché al escribir y continúo.

Lo único que deseo decir sobre John Cage es que tal vez nunca existirá un personaje igual. Para Cage todos los sonidos del mundo eran música. Él mismo lo afirmaba. Cuando los periodistas le preguntaban que si no le molestaba que la gente se riera de sus obras, él respondía: “siempre he preferido la risa al llanto”. Y siempre lo respondía con una inmensa sonrisa. Les recomendaría escucharlo todo, no solo su obra más conocida: 4’33’’; les sugeriría también que leyeran Silence, que miraran todas las entrevistas, performances y demás obras que hizo.

Natalia Valencia Zuluaga es tal vez una de las compositoras más importantes a nivel nacional. Poco célebre, pero ¿qué es la celebridad? Lo leí en un trino de Jodorowsky: “Es ser conocido por los que no te conocen”. Un compositor, un artista, un hacedor de cualquier cosa debe ser reconocido por lo que hace. Natalia Valencia Zuluaga es una compositora incansable, me atrevería a decir que todos los días de su vida los ha dedicado a la música.

Ahora el concierto. Comenzó con un estreno absoluto: 1987. Obra para orquesta, de aliento largo y fuerte, que nace desde el silencio para llegar a un gran estruendo, pasmoso, hasta ominoso, para volver al silencio. 1987 es una pieza rica en expresividad, donde la música se manifiesta –diría John Cage- como “la organización de los sonidos”, y donde se hace visible que el ruido es lo que a uno le parece ruido: un ruido intenso, como el que nos acalla a ratos, el ruido que nos deja la pérdida, el ruido que deja el miedo, pero ruido que puede ser silenciado.

Le siguieron dos cuartetos de cuerda. Miniaturas, una obra en dos partes contrastantes; la primera ligera y precisa, donde se evidencia el interés por crear variaciones rítmicas a partir de una partícula mínima. En la segunda aparecen melodías largas, que permiten mostrar una de las grandes cualidades de los instrumentos de cuerda: cantar melodías. Y luego Cuarteto, de carácter contemplativo, donde el espectador es sumergido en una serie armónica, sugiriendo a ratos influencias del movimiento espectralista francés, pero sin dejar de lado una fuerte intención por hacer crecer una melodía contrapuntística, rica también en variaciones rítmicas.

En un buen concierto ocurre una especie de suspensión, se alcanza una suerte de lejanía que permite la introspección, una extraña intimidad donde uno está y no está en el lugar, donde se cohabita con otros oyentes y comparte órbitas creadas por los sonidos que se expanden y contraen por la sala, donde el tiempo tiene una duración distinta. Este fue el caso.

La última obra que se interpretó fue Solo, una pieza donde el minimalismo es expresado líricamente en el chelo. La pieza tiene un carácter idiomático y expresivo, que remite a estados de profunda concentración; se basa en dos motivos desarrollados a partir de diversas variaciones, principalmente tímbricas, y termina en un clímax sobrio. En toda la obra los armónicos cantan libremente.

De la increíble Natalia Valencia Zuluaga sé que tendremos obras para un buen rato, quizá el tiempo suficiente para que la verdadera celebridad llegue. Por lo pronto esperaré con ansias su próximo concierto y expreso mi gratitud inmensa no solo a su obra, sino a eventos como el homenaje a John Cage liderado por Lucrecia Piedrahita y Wolfgang Guarín. Gracias por permitir que existan más espacios para la música contemporánea en Medellín. Gracias por permitir que este pueblo y este país no sean una tierra sin música.


JOSÉ GALLARDO

jueves, 12 de enero de 2012

Lvis Mejía – Zupranada




En principio debo mencionar que esta es mi primera reseña de un disco internacional, hasta el momento había mantenido la firme intención de hablar sobre discos de origen colombiano. El artista del que hablaré es de origen mexicano y reside hace varios años en Hamburgo; tiene algunos rasgos punk en su vestir, pero digamos que tal vez es sólo cuestión de estilo y que de seguro a “Claudita” le gusta como lleva el cabello: con el mohicano, como le dicen en el país de la tortilla a lo que nosotros llamamos cresta.

Es curioso, algunas veces la persona se parece a su hacer. Este es el caso. Lvis –se pronuncia Luis– es un joven artista al que alguna vez le dio por la filosofía y llegó a Alemania buscando no sólo germánicas sino el pensamiento fuerte. Lo intentó y siguió su camino por el lado del arte.

Aunque en los momentos actuales etiquetar algo como arte sonoro es la manera más fácil de catalogar una expresión sonora difícil de hacer encajar en un género –o géneros– musicales, no todo es “arte sonoro”. Lo de Lvis, sí. Lvis es un artista visual que decidió recorrer varios caminos y producir sus representaciones sobre los mismos.

Zupranada es su primer álbum, un de-todito-picante donde el artista explora diversos ámbitos de lo sonoro, referenciando a sus grandes maestros. Escuchándolo tengo imágenes mentales donde veo un Aphex Twin vendiendo mangos en cualquier playa suramericana y a Olivier Messiaen grabando pájaros en compañía de Satie y Cage; o las tortugas ninjas (Leonardo da Vinci, Rafael SanzioMiguel Ángel y Donatello) teniendo una conversación de chat.

El terreno donde se mueve Lvis es el de la creación y para él lo menos importante es el medio. No se anda con pavadas como “abajo el arte sonoro, arriba Supercollider”. Lo que Lvis quiere decir lo dice en una obra a la que además de referentes y medios, le sobran argumentos.

No siendo más y para no cansarlos con palabrerías de un “pinche negro”, recomiendo que se creen su propia impresión de  Zupranada: www.luismejia.net


JOSÉ GALLARDO A.

martes, 4 de octubre de 2011

Picnic bajo techo



El día: 1 de octubre. El lugar: coliseo de la UPB en Medellín (debo aclarar que esta universidad es tal vez la que encabeza la lista de instituciones educativas que aborrezco, en todo el planeta). Como era de esperarse el lugar estaba medianamente vacío, pues apenas eran las 6 pasadas. La gente comenzó a llegar, y conforme el lugar se iba llenando, se hacía más notorio que el evento, más que un “picnic bajo techo”, era una fiesta de las facultades de diseño y arquitectura de la tan prestigiosa universidad. Identificarlo era fácil, todos tienen un-no-sé-qué-no-sé-dónde que combina muy bien con el rojo predominante de la universidad.


El evento estaba previsto para ser en el Orquideorama del Jardín Botánico de Medellín, pero al parecer, por cuestiones climáticas, prefirieron hacerlo bajo techo. El coliseo fue un problema para disfrutar el concierto, pues su reverberación eclesiástica natural nos entregaba una masa casi inentendible.


La primera banda en tocar fue Gordo´s Project  (http://www.myspace.com/gordosproject). De este grupo he hablado antes y hacía un buen rato no los escuchaba. Debo decir que me sorprendió el nivel de ensamble y musicalidad con que suenan ahora. La propuesta musical de José Villa –líder del grupo– y sus otros 8 integrantes tiene raíces en la música del Caribe, particularmente en un ritmo local: el chucu-chucu, pero se nutre con sonoridades de lo que actualmente se denomina “músicas urbanas”. Del nuevo repertorio recomiendo El llorón, tema que por la letra de la canción y la melodía principal me hizo pensar por momentos en The Cure y su Boys don´t cry. (La sola imagen mental de Robert Smith en ese paisaje gótico tropical se me hacia simplemente divertida). Gordo´s es una banda de baile y como tal es normal que el elemento principal sea una palabra bastante misteriosa para mí: groove. Siempre me gusta recordar una máquina que se llamaba el sistema G.R.O.O.V.E, que puede o no tener relación con el otro groove, esa célula o germen que te mantiene moviendo cualquier parte de cuerpo al escuchar una canción. Este elemento rítmico, bailable, está apoyado de muy buenas melodías, unas letras atrayentes por su “aparente facilismo” y una coreografía muy antioqueña, es decir, un baile insípido, insaboro, inoloro; como la “cumebia hedioneda, de Colombia para el mundo”. Gordo´s conjuga todos los elementos de la música en canciones de largo aliento, donde se puede escuchar o bailar o coquetear con cierto encanto desenvuelto.


La segunda banda fue El frente cumbiero (http://www.myspace.com/frentecumbiero), banda liderada por Mario Galeano, reconocido en ciertos círculos como un investigador serio del folclor colombiano. El frente es curioso desde su formación: batería/percusión, clarinete/saxofón, guitarra/electrónica en tiempo real, teclados/raspa/secuencias electrónicas. Su manera de concebir la estructura de sus canciones se basa en el modelo propuesto por la música de baile de origen europeo, donde se busca que el público nunca deje de moverse, utilizando dos secciones, casi siempre basadas en dos frases melódicas y pintando atmósferas, texturas y drones, que tienen una fuerte cercanía al Dub. Es válido hacer notar que El frente hizo un disco con nada más y nada menos que Mad Profesor, el mismo del documental Dub echoes, donde encontré una frase que guardaré para siempre en mi memoria: “todo objeto tiene su sombra, toda música tiene su dub, solo debes buscarlo”.


Admito, además, mi admiración musical por el guitarrista del grupo, el compositor bogotano Eblis Álvarez, también líder de los Meridian Brothers (http://www.myspace.com/meridianbrothers). Eblis logra con su guitarra y su electrónica en tiempo real (diseñada por él mismo en plataformas como Max/msp, Pure Data o Supercollider) ese tinte extraño y hermoso que refuerza un gesto musical como el que propone el Frente cumbiero. La labor de Eblis demuestra que se puede explorar de una manera seria y respetuosa la música de origen folclórico, sin utilizar fórmulas facilistas que le dan la vuelta al mundo gritando “fuego, mantenlo prendido, fuego”.


La tercera banda –y tranquilo señor lector, no desespere que esto pronto acabará– fue Systema solar (http://www.myspace.com/systemasolar). En principio debo decir que el vestuario y las imágenes proyectadas hacen de su puesta en escena un numerito que por ostentoso resulta todavía más mediocre. En menos de 30 segundos Systema solar tenía bailando a toda la muchachada. En este momento fue cuando sentí que realmente estaba en un picnic bajo techo o, mejor aún, en un zoológico liderado por John Primera, “el diablito del flow costeño e índigo”, “la voz del despegue”. Por momentos sentí que esta banda prometía un acercamiento a la verdadera música electrónica colombiana: la champeta. Pero muchas veces recurren a una fórmula que cualquiera de los lectores puede hacer en su casa. Hágalo usted mismo: 1. Descargue un editor de audio (www.audacity.com); 2. Importe un audio de música afrocaribeña colombiana; 3. Importe un audio de música electrónica de baile; 3. Superponga ambos y reprodúzcalos.


Es necesario mencionar de nuevo que Systema solar es una banda donde el performance es totalmente necesario y debe ser tomado como tal: un show donde la música se pierde casi por completo, o como me dijo un amigo: “marica, uno no les pide una sonatina, pero hacen falta melodías, armonías y silencios”.


John Cage siempre aseguró que cualquier cosa podía ser música, siempre y cuando esto fuera lo que el autor quisiera que pasase; lo que me lleva a una definición de ruido: ruido es todo lo que no queremos que pase en la música. El resto, es música. Y justo eso fue lo que no se presentó al final de ese picnic bajo techo. Esa contradicción en los términos. Nada de música: puro ruido bailable.


JOSÉ GALLARDO
IMAGEN: ANTOINE WATTEAU

domingo, 6 de marzo de 2011

Parque del poblado, un libro de Joni B


Es grato leer textos de lugares a los que uno suele ir. Sí, yo soy un habitante más del Parque del Poblado. Allí (casi siempre entre semana, martes o miércoles o jueves) me entretengo tratando de no pensar en nada, tomándome una cerveza (Costeña), fumándome un cigarrillo (Marlboro rojo).

El autor del libro Parque del poblado tiene un apellido muy difícil de pronunciar y hábitos parecidos a los míos (él prefiere la cerveza Póker o Águila y fuma Royal, pues es un producto nacional, así la Philliph Morris haya comprado a Coltabaco). Además habla con una “r” muy afrancesada, pero nunca ha estado en territorio francés. No le interesa viajar. Como dice en una canción de la banda de punk donde tocamos, Alopecia, cree que el mundo se acabará prontamente y en su afán apocalíptico promulga un planeta regido por la correcta anarquía.

Por eso, y parafraseando a American Splendor (la peli sobre el comic de Harvey Pekar & Joyce Brabner, en la que el personaje principal es también un artista del cómic), cuando conocí a Joni B pensaba que era un chico que odiaba el mundo; la verdad es que un tipo al cual el mundo le importa mucho: es un melancólico. Como en Vallejo, la provocación, el desencanto, la rabia, el humor corrosivo, en Joni B son amor. Así sin más, amor puro. En el Parque del Poblado y en El Parque del Poblado existe una certeza paradójica: recordar la belleza vivida ahí –una chica, unos amigos, un par de borracheras infinitas– y la esperanza de que sí, de que volverá a ocurrir. A propósito, que valga esta perla: “Es un pueblo pequeño güevón, ya me he metido con casi todas las mujeres de mi generación que no se casaron o se largaron de este roto… La probabilidad de conocer a alguien nuevo de nuestra edad es casi nula…” Claro Joni, la frase es doblemente cierta porque se trata de Medellín, y porque ya estás viejo. Siendo consecuente con el viejo Vallejo después de los veinte todo se viene abajo y entrás en la puta vejez.

Tal vez el lector debe estar pensando que esta reseña es una alabanza más al ego de Joni B. Y sí. El libro me gusta. Y advierto que solo doy estos detalles casi minúsculos y de poca importancia, porque el joven Benjumenea basa sus escritos y dibujos en el día a día, en su mirada contemplativa, en sus “salidas de campo”, en sus recorridos como transeúnte de este pueblo chiquito donde habitamos, Medellín. Un pueblito que no crece, no olvida y que puede estar resumido porque tiene de todo en lugares como el Parque del Poblado. Un pueblito que Joni conoce, que siente, que dibuja.

El texto lo pueden conseguir directamente con el autor, en su blog http://podriaserquesi.blogspot.com. Además, allí publica constantemente adelantos y series de cómics.

Brindo por El Parque del Poblado (con una Costeña y un Marlboro rojo).

JOSÉ GALLARDO A.

jueves, 3 de febrero de 2011

¿Conoce usted al Señor Bleat?


Atreverse a hablar de “nueva música colombiana” implica creer en un criterio tan vago como ciego. Consiste en creer en lo siguiente: una mezcla de folklore más un elemento extranjero (casi siempre de carácter "anglo" -aunque no se sepa qué significa "anglo"-) más unas cuantas “exploraciones electrónicas” (lo que puede ser incluir una secuencia hecha en Fl Studio, Reason, Ableton Live o simplemente tener un teclado rojo marca Nord Lead). No digo que esté mal, pero digo que hay muchísimas más cosas que podría incluir la definición de nuevo. A mí me gusta particularmente ésta, pues creo que es neutra: “Que se ve o se oye por primera vez”.

A esto es lo que nos enfrentamos cuando escuchamos el más reciente álbum de la agrupación antioqueña Mr.Bleat. Música de autor. Mejor: de autores. Se nota que la exploración, el tomar riesgos. El equilibrio entre concepto y música son posibles. Los 11 tracks que componen el álbum que lleva por nombre Señor Bleat -en antioqueño- son producto de una beca de creación de la alcaldía de Medellín, y parecen un contrapunto a su EP anterior titulado Mr.Disco -donde todas las canciones estaban en inglés-.

A parte del cambio de idioma, Señor Bleat propone dinámicas, melodías y ritmos que van en constante cambio, donde es posible notar desarrollos motívicos, ya sea en un buen groove o en un sonido logrado por el sintetizador; este último siendo preponderante en el desarrollo de las canciones del disco. La síntesis se convierte en el hilo conductor de este álbum, donde la aparición de la guitarra es meramente tímbrico (olvidándose de los clichés que definen este instrumento, ya sea en forma de acordes o solos virtuosos); donde la batería juega con el bajo; donde la voz de Sara Rodas Correa crea instantes bastante emotivos. Todos estos elementos conjugados logran un Señor Bleat que quiere ser escuchado y que por fortuna tiene quien lo escuche. Logran, lo que en palabras de Matías Uribe, baterista de Mr. Bleat, es un-viaje-astral.

La formación instrumental de Mr. Bleat es la misma: Pablo Ángel, Matías Uribe, Alejandro Bernal y Sara Rodas; pero es necesario mencionar a ciertos personajes que la gente olvida leer en los créditos de un disco: Juan diego Galvis como ingeniero de grabación, Daniel Gómez como asesor musical, Felipe López quien masterizó el disco, José Julián Aristizabal que muy amablemente ofreció sus obras de arte para ilustrar el disco, Carlos Tobón en la fotografía y Alfonso Posada en el diseño gráfico.

Señor Bleat saldrá a la venta próximamente. Si desea escuchar un adelanto puede visitar http://www.myspace.com/mrbleat.

JOSÉ GALLARDO.

domingo, 22 de agosto de 2010

La tigra vereda de Velandia

Sobre Oh, Porno de Velandia y la tigra.


Sinceramente hacen falta niñas en esta escuela, porque a palancas necias choferes sordos.
Edson Velandia

La industria de la música tiende a cosificar, clasificar, encasillar y acomodar en una sola palabra llamada “género” cuanto sonido produzca el ser humano. Como es bien sabido, la música es la organización de los sonidos en el tiempo y espacio. De otro lado, el tiempo/espacio biográfico del autor (según la etnomusicologia y otras ciencias con el prefijo “etno”) condiciona mucho el resultado musical. En otras palabras, el contexto afecta al compositor, o mejor aún: la musa depende del calor, frío, clima templado, mar, río, burros, mulas y demás cositas del paisaje.

El paisaje que le tocó a Edson Velandia, cantante y líder musical de Velandia y la tigra, es Piedecuesta – Santander, de donde viene su música Rasqa; al buen entender pocas palabras. Los melómanos entrenados con listas de reproducción de grandes revistas (casi siempre internacionales) dirán que tiene un sonido “contemporáneo, tal vez con un tinte o bouque (¿será buqué?) que linda entre la world music, el jazz y, claro, lo folclórico”.

Yo digo que Velandia suena a Rasqa, y que se le nota que estudió con Blas Emilio Atehortua, pero que igual ese camino lo podría haber emprendido solo, pues la verdad a componer no se enseña. Sus letras están influenciadas por la poesía digna de este país de poetas, pero sin estar inundadas de exquisitísimas figuras retóricas. Como dice un profe mío: “la importancia del lenguaje se nota en la desaparición del mismo al usarlo”. Las Letras y música de Oh, porno resultan ser juegos, entretenimientos al mismo tiempo escuetos, sensibles y, porque no decirlo, cultos.

La banda es independiente, su sello se llama CINECHICHERA Reproducciones, que también se encarga de realizar los videos (casi cada canción tiene uno), muchos dirigidos por Rubén Mendoza –cuya ópera prima, próxima a ser estrenada, cuenta con la colaboración, por supuesto, de Velandia-. http://www.lsd-s.com/eldelirio2/index.html

Con su sonido, Velandia y su tigra han viajado por toda Colombia –son ya una banda de referencia– y se han presentado por Suramérica, todo auto producido. La verdad para algunos son unos hippies viajeros con música rara, para otros son simplemente músicos (como en los gremios medievales donde ser músico, artesano, carpintero, era un oficio como cualquier otro).

Para escuchar pueden ingresar aquí.

Les recomiendo también este par de videos.

JOSÉ GALLARDO.

lunes, 3 de mayo de 2010

Bazuka Santa


El ambiente era el preciso, una noche de sábado en el Saldarriaga v.i.p. Sábado previo al comienzo de la Semana Santa. El cartel de la noche anunciaba a dos bandas pero, para sorpresa de los asistentes, terminaron siendo tres. Comenzaré en orden de aparición.

Pantano
Pantano es una joven banda de “pun medallo” (sin la “k”, por referencia a un género musical bastante conocido localmente, gracias a la película Rodrigo D., del director antioqueño Víctor Gaviria). Esta definición la dan ellos mismos al hablar de su sonido o propuesta musical. Pantano propone involucrar al público en sus conciertos basándose en dos cosas: la imagen y las letras de sus canciones. Al hablar de la imagen me refiero a ponerse a ellos mismos como una obra de arte a disposición de un usuario o espectador, su show es un performance artístico donde el humor, la parodia y el constante discurso “político” logra momentos entretenidos y divertidos.

Los Sorners
Para muchos esta banda no debe ser presentada, su música y fuerza en vivo hablan por sí mismas. Su propuesta musical la inscriben en el género punk y algunos se atreven a darle más tipologías y referentes; no digo que no los tenga pero este no creo sea el caso a tratar. Comandados por “Mala Leche”, vocalista de la agrupación, Los sorners no dejaron a nadie sentado, su fuerza impulsada por claros riffs de guitarra era sometida a un vaivén bailable que se apoya en un groove armado entre la batería y el bajo, una batería que obviaba el clásico hi hat y se arriesgaba a tocar el ride o “campanero”, como lo llamarían algunos de mis amigos metaleros. Su presentación fue sencillamente contundente. Para escuchar algo de ellos visiten.


Bazuca
El plato fuerte de la noche fue una banda que ya había tenido sus incursiones a nivel local y, luego de un cambio en su formación instrumental, retoma fuertemente el hacer musical. Bazuca tiene claros referentes inscritos en el rock de los años 90, pero esto no le impide re-configurar la tan utilizada estructura de una canción rockera. Sus experimentos, que para muchos no son notorios (y no deben serlo), se ven agradecidos por el constante movimiento de su público que, apoyado en la fuerza dada por su vocalista (alias "Calavera"), vive con ellos los momentos más álgidos de la presentación. Me parece muy válido anotar que es difícil que una banda de rock en formato trío: bajo, guitarra y batería, logre puntos de equilibrio y sobre todo que no suene como llaman por ahí “vacía”. Para escuchar algo de ellos visiten.


En conclusión: buena noche de rock en la Villa del Señor. Saludos.

JOSÉ GALLARDO A.

jueves, 25 de marzo de 2010

DUQUE


De un tiempo para acá he notado que se ven más en la superficie ciertas propuestas sonoras que están muy emparentadas a lo que globalmente se llama folk. Sea utilizando una guitarra acústica o un dobro, un charango, un tiple o su primo lejano: la guitarra de doce cuerdas; aquí y allá escucho sonoridades que me remiten a un sonido de un “hogar cálido y acogedor”. Algunos nombres que afirman mi enunciado son: José González, Inlets, Bon Iver, entre otros.

Hay otra cosa que ha pasado muy seguido últimamente y es que he reseñado ya varios discos grabados en La finca, el estudio liderado por José Pablo Arbeláez (Matute) y Tobi (mítico guitarrista local). La primera producción de Carlos Duque se convertirá en mi más reciente “víctima”.

A Duque algunos lo deben conocer por ser el guitarrista de una banda local llamada como uno de mis libros ilustrados preferidos: Providencia (escrito por Gonzalo Arango, ilustrado por su Angelita). Yo lo conozco de hace un buen rato en los pasillos de la Universidad EAFIT, de donde él se gradúo como guitarrista.

Su disco está compuesto, interpretado, pensado y orquestado desde la guitarra; una guitarra planteada desde varias músicas cercanas a lo andino, a la montaña, a un tres contra dos notorio siempre en el bombo y la madera. La música de Duque se tiñe con varios colores que apoyan esa sonoridad hogareña: sintetizadores análogos, rhodes, órganos hammond, flauta traversa, trompeta, bajo, batería.

La producción estuvo en manos del mismo Duque y Federico Goes. Adicionalmente el disco tiene una variedad de invitados locales, a pesar de esto Duque y Goes decidieron tomar en sus propias manos varios de los instrumentos, pasando de la batería a la guitarra, del Hammond al bajo, para por último darle las atmosferas finas y definidas por la “colección” de sintes o arpas, que tiene Goes en su poder.

Este humilde servidor conoció diez de los cortes del disco, mi cercanía con Duque me permitió conocerlos y sé además que ayer mismo había recibido las cajitas con su primera producción, caliente aún de la prensa.

Lo que sigue será escucharlo en vivo, que es donde siempre he creído la música está más viva.

Yo por lo pronto les recomiendo bastante dos tracks: Ciénaga y Contra fortuna, y espero que puedan adquirir este disco, por el momento pueden visitar el blog donde Duque condensó parte del proceso de su disco.


Medellín, 16 de marzo de 2010.

JOSÉ GALLARDO ARBELÁEZ


jueves, 28 de enero de 2010

Los siete discos de la década.


Los siete discos que mencionaré son los que al día de hoy siento y pienso serían los mejores realizados, el orden de esto no tienen que ver con su relevancia en esta primera década del siglo XXI.

In principio - Arvo Pärt - 2009.
Arvo Pärt es un compositor de Estonia. Como muchos de los compositores del siglo pasado estuvo indagando en procesos de composición muy ligados a la experimentación desde la música y otras disciplinas; se sabe que participó en la realización de música para cine, música electroacústica, incluso fue director de uno de los centros de experimentación sonora en su país. A partir de 1971 su estilo compositivo tuvo un cambio muy significativo: empezó a trabajar lo que él denomina el tintinnabular o movimiento de campanas. La idea con este tratamiento es tratar de lograr melodías, contrapuntos y armonías simples que se acerquen a la música antigua occidental, es decir el canto llano y gregoriano. In principio es su más reciente producción, en la cual el formato es coral instrumental, es decir, tiene un coro y un grupo orquestal pequeño o de cámara. Aquí un link para escuchar una de las obras que aparece en In principio.

Radio Amor – Tim Hecker - 2003.
La verdad no recuerdo muy bien cómo llegue a conocer a este artista, una de las rutas podría haber sido el dl50 (blog que frecuento), o tal vez en alguno de los debates que se presentaban en la piscina vacía sobre el “tocar en vivo” -por los músicos que hacen música con computadores-, y creo que el mismo que escribe para dl50 puso un video de Tim Hecker, al que él llama maestro (y yo le tomo la palabra). Este disco sencillamente me parece hermoso, el tratamiento de las muestras y la dinámica lo hace una obra de arte con una gran continuidad, algo que admiro bastante.

One Word Extinguisher – Prefuse 73 - 2003.
Guillermo Scott-Herren es el nombre de pila de este artista. Es importante mencionar esto pues Scott Herren tiene varios seudónimos, que son también alter egos sonoros, algunos de ellos son: Piano Overlord, Delarosa and Asora y un proyecto en compañía llamado Savath and Savalas. Menciono este disco porque fue mi primer acercamiento a este artista sonoro, y la verdad le tengo un aprecio que se podría resumir como un gran descubrimiento; el cual a su vez se vio reflejado en un gran cambio en mi manera de hacer música, tanto desde el sentir como desde el pensar. Prefuse me causó un afán de buscar y recopilar cuanta información estuviera allí para ser utilizada, agradezco mucho a ese profesor de Herramientas de la música electroacústica o Pure data, quien me dio a conocer a este artista.

Echoes, Silence, Patience & Grace – Foo Fighters – 2007.
La verdad no me considero un fan de esta banda, más bien del momento en que surgieron y, más importante aún, de su líder Dave Grohl, a quien considero un músico nato. De este disco particularmente podría mencionar que pensé varias veces que lo habían hecho tratando de hacer un homenaje a Led Zeppelin, lo que se ve muy reflejado en los riffs de las guitarras, las armonías y la fuerza de la batería; es un disco que escuché y re-escuché hasta el cansancio, sobre todo esta canción que tiene un acompañamiento de metrónomo.

Siempre es hoy – Gustavo Cerati – 2002.
Sé que a muchísima gente no le gusta Cerati, a mí la verdad me gusta más Cerati que Soda Stereo, tal vez será algo generacional. Debo confesar también que Siempre es hoy fue el último disco que me gustó de Cerati; es un disco con una propuesta muy pop desde todo punto de vista, para mí pop es una buena canción que se pueda tararear y donde muchas veces las líricas no expresan nada más allá de sonar bien con la guitarra; este es un disco donde Cerati explota todas las herramientas análogo/digitales a más no poder e invita a casi todos sus amigos a participar con él. Luego del disco lanzó una convocatoria abierta para hacer remixes de él, que llamó Reversiones. No sobra decir que la puesta en escena del disco fue extraordinaria.

Lenguanegra – Parlantes – 2009.
Lanzado con toda la pompa y ceremonia en el teatro Lido de la ciudad de Medellín. Willy, el loro lenguanegra, en boca de un burro poeta y sus compañeros, vio la luz. De Parlantes ya he hablado en otro post, por eso no me extenderé mucho, sólo les diré que compren el talento criollo y aquí les dejo algo para escuchar.

Inlets – Vestibule ep – 2006.
Sebastian Krueger es el líder de este proyecto musical llamado Inlets, Vestibule a pesar de ser un ep tiene para mí todas las cualidades para ser uno de los mejores discos de esta década; lograr música sencilla, interesante y que te cautive es muy difícil en estos días. Este disco es una joya de la instrumentación donde a Krueger no se le da nada mezclar una viola con un trombón, donde los arreglos vocales son increíblemente conjugados y cualquiera de las voces puede ser la melodía principal. Aquí para descargar.

Posdata: Mi posdata será el disco de un artista que admiro y aprecio mucho.

[neuma]
No bastan los adjetivos para hablar de la música de este músico, [neuma] es el proyecto solitario de José Santamaria, no me referiré a un disco en específico pues es difícil encontrar sus discos físicos. Recomiendo que visiten la pagina donde ha publicado mucho de su material, además es un netlabel que lidera junto a otros conocidos www.seriesmedia.org. Yo tuve la fortuna de tener en mis manos uno de sus discos físico y así fue que lo conocí, el disco se llama Reverso, espero que algún día mucha más gente lo pueda tener.

JOSÉ GALLARDO.

jueves, 14 de enero de 2010

El manifiesto Amarillo


Recuerdo que hace diez años (y perdónenme que empiece recordando la primera década de este siglo), se mencionaba mucho un tema que supuestamente cambiaría mucho nuestro futuro: La globalización; causa y consecuencia de todo el bien y de todo el mal pasado y por venir. Musicalmente hablando, los patriarcas de los nuevos tiempos mencionaban mucho el tema de la world music. Yo, personalmente, tengo muchas prevenciones con este tipo de música que, la verdad, aparte de ser un género creado por la industria y un par de ong´s , nunca he creído que muestre el verdadero panorama de lo que realmente es la etnomusicología.

Se preguntará el respetuoso lector por qué empiezo mis “taquilleras reseñas musicales” hablando de “globalización” y décadas pasadas. La razón fundamental se basa en la aparición de un disco esperado por muchos, y que para otros, como suele pasar muchas veces con este artista, será un gran hallazgo.

Su nombre de cuna es Federico Lozano, su apodo: El amarillo.

Es necesario que me detenga un poco para hablar de su trayectoria. El amarillo participó como bajista en bandas como Estados Alterados y Planeta Rica. De la primera podría mencionar que estuvo en la grabación de un disco inédito comandando por Twetty González; con Planeta Rica sé que grabó en las dos producciones conocidas. El amarillo también es uno de los productores de hip hop más reconocidos de la ciudad de Medellín, y de su trabajo como solista conocemos un primer CD titulado Audio indeleble y, ahora, Manifiesto.

Entrando en materia, siempre me ha gustado referirme a Federico Lozano como uno de los músicos colombianos más folklóricos, o “folks” (para el que guste de extranjerismos). Su música es una profunda investigación de las músicas locales, su lirica está contenida en la sencillez que da la experiencia de vivir y convivir con el campo y sus músicas típicas. Manifiesto es la segunda parte conocida de un proceso de experimentación con las músicas actuales y folklóricas del país, proceso que comenzó con el Audio Indeleble. Otra particularidad que tiene este músico es la inclusión de otros músicos locales; en Manifiesto tiene una lista larga: Mirabay, David Machado, Iraka Jaibanakus, Ramón Echavarría, Kolombia, Q´sko, Ultrajala, Tito, Guillen.

La distribución de Manifiesto se está realizando en la red en el siguiente link:

http://www.ilike.com/artist/El%20amarillo/album/Manifiesto

Música Colombiana hecha con gran gusto, sencillez y profundo espíritu tradicional. Por último les dejo el myspace http://www.myspace.com/lamarillo

JOSÉ GALLARDO A.

viernes, 11 de diciembre de 2009

Hemos Escuchado y oído.

El pasado jueves 3 de diciembre presencié la combinación de tres generaciones rockeras de la ciudad de Medellín. El lugar, Berlín Bar, las bandas (en su orden de aparición) Mr.bleat, Federico Goes y Matute; de esta manera comenzaré la imagen de lo que para mí fue uno de los conciertos más contundentes del presente año en esta ciudad.

La noche comenzó con la presencia imponente de 4 jóvenes músicos, Mr.bleat, los cuales a pesar de su corta experiencia en vivo logran establecer puntos álgidos en la interpretación de su música. Su sonido tiene mucho material actual, donde es fácil de reconocer los referentes que ellos mismos plantean en su página de myspace (www.myspace.com/mrbleat) y a los cuales no me referiré en este escrito. Sobra la invitación a buscarlos y a establecer cada uno su punto de vista. Pero bueno, para no irme por las ramas, pretendo tratar de reseñar un concierto en vivo, lo que para algunos es una tarea inoficiosa. Volviendo al sonido de Mr.bleat, podría decir que la utilización de fuertes riffs de guitarra, una apropiación de las herramientas tecnológicas (beats, secuencias, sintetizadores), baterías con un tono “roboticobailable”, establece una gran fuerza en el Groove, y en la continuidad de cada una de sus canciones; porque, si bien es una banda con fuertes influencias rockeras, sus pretensiones están sujetas al pop (entiéndase pop NO como un género, sino como una tendencia cultural y artística), y qué más pop que tener melodías reconocibles, afables y pegajosas, donde el texto es una excusa sonora para lograr una buena canción, tan difícil de lograr en estos días. Otra cosa muy difícil de lograr en estos días es encontrar una voz que sea fuerte y ligera, una voz que haga vibrar al público sin artimañas ni poses; ésta es la última pero no menos importante de las cualidades que tiene esta joven banda de la ciudad.

La siguiente banda o proyecto estuvo a cargo del “muchacho” Federico Goes (www.myspace.com/federicogoes). Sobre él ya me había referido, o bueno, sobre su más reciente disco: Madera; en ese escrito manifestaba mi gran interés en escucharlo en vivo, fuera de la mpc, el moog y el sable. Y ¡qué grata sorpresa me encontré! Goes estuvo acompañado de Jose Pablo en el bajo (conocido como Chepe Paco, vocalista y líder de Matute, personaje metido entre consolas y cables en el estudio La Finca) y Adán Naranjo (baterista y señor, del señor Naranjo). Su interpretación del álbum Madera estuvo apoyada por una fuerte entrega en la guitarra, realizada por él mismo; personalmente, es muy grato escucharlo tocar guitarra, pues creo que es el más grande de sus logros como músico. Ah y se me olvidaba -como Goes mismo nombra- "el maestro en la guitarra", Fernando Tobón (Toby, guitarrista actual de Juanes, nuestra estrella pop, entiéndase aquí pop como un género). Fue sencillamente extraordinaria su aparición en el concierto, su sonido y la entrega que revelaba al interpretar las canciones de Federico Goes.

Para terminar la noche, escuchamos al mismo formato de músicos, pero esta vez con un ligero cambio de papeles: Jose Pablo intercambió el bajo con la guitarra de Goes. Ahora con Jose Pablo al frente, comenzaron lo que él mismo dijo, “eran canciones escritas hace más de cuatro años, y que desde eso no tocaba en vivo”. Matute (www.myspace.com/matute) fue un proyecto que tuvo varios cambios en su formación, y que a pesar de su cortas presentaciones en vivo (hace 4 o 5 años) siempre me pareció bastante avanzado para lo que sonaba en la ciudad; estableciendo una dirección diferente (pero no contraria) de la tradición rockera de Medellín. Espero con ansias que Jose Pablo cumpla la promesa de grabar y sacar a la luz este trabajo discográfico, confío en lo que escuché y creo que es algo que puede oxigenar nuestro panorama sonoro.

La música en la ciudad de Medellín está tomando fuerza otra vez, tal vez sea la aparición de más espacios para conciertos, tal vez sea que las generaciones se están renovando o simplemente sea algo en el aire. Me encanta estar en este proceso y poder asistir a tantos conciertos, pues es allí donde la música realmente está viva.

Por ahora me despido, pero ojalá pueda volver a escribir sobre un concierto como éstos en la villa del señor, la tacita de plata o la ciudad de la eterna primavera (así esto no parezca primavera sino a ratos un infiernito caliente).

JOSÉ GALLARDO A.